untitled

Aquarius

Songfic basado en la canción homónima de Within Temptation.

CAPÍTULO 1

Me remuevo inquieto, tratando de controlar esta sensación, finalmente mis piernas y brazos buscan escaparse de las sábanas. Y es entonces cuando me encuentro con ese otro cuerpo a mí lado, un hombre hermoso lo admito, su cuerpo como esculpido en mármol, el más perfecto modelo para esas esculturas que tanto gustaban a mis antepasados.  Su cabello largo, tan negro como la noche cae por su pálida piel. Quizás en otro momento, en otra situación incluso, hubiese podido admirar y disfrutar de ese ser a mi lado, pero no es el caso.

Un suspiro silencioso abandona mis labios mientras trato de ponerme de pie sin despertarle. Me asomo por una ventana para observar el Santuario, y mi mirada por más que deambula por estas milenarias ruinas, no puede evitar el fijarse con necia insistencia en cierto templo de peculiar aspecto. Circular, tan único como lo es él.  Trato de apartar de mi mente su recuerdo al darme cuenta de la sonrisa que se ha dibujado en mis labios con tan sólo recordarle.

Hace ya mucho tiempo que decidí no volverlo a aceptar dentro de mi vida, mucho menos de mi mente. No estoy seguro de que así sea, mas el temor de que por algún motivo ese hombre ahí recostado sepa que parte de mí, sino es que todo mi ser, sigue añorando estar en otra parte y con alguien más; me llevó a jurar que nunca más pensaría en él. Acuario es pues, una palabra vedada para mí y para él. Nunca lo hemos dicho, pero es un entendimiento tácito entre nosotros, la razón de que estemos juntos y la única por la que seguimos esta farsa, aunque quizás debería hablar más por mí que por él.

Una sonrisa cargada de acritud se dibuja en mis labios, y es que es una ironía, que cada noche mientras me alejo más de él al estar en la cama con alguien más, mi mente insista neciamente en recordarme que lo hago por él. ¿Realmente me estoy sacrificando? Hay ocasiones en que no puedo evitar sentirme como un hipócrita; digo que le amo y que no hay nadie más importante para mí, mientras por otra parte, mi cuerpo experimenta cada noche el culpable placer que ese otro hombre me hace experimentar.

Tanto así que a veces pareciera olvidar la razón original de que esté aquí.  Mi cuerpo está cansado, pero mi mente está muriendo poco a cada día. Sin embargo, no puedo permitirme vencer, no puedo permitir que note como cada vez me cuesta más trabajo actuar. ¿Quién soy? ¿Un guerrero o una ramera? El orgulloso Milo de Escorpión queda reducido a nada por algo tan simple y a la vez tan complicado.  Puedo matar sin ningún tipo de vacilación, pero soy incapaz de hacer un sacrificio por otra persona. ¿Qué quiero? Ya no lo sé…

Es en momentos como este en los que, agradecido, acepto a ese hombre, su cuerpo sobre el mío y su pasión abrasadora apoderándose de mí. Es en esa cama el único momento en el cual dejo de atormentarme con fútiles recuerdos, con patéticas suposiciones del hubiera. Aunque de ser honesto, a veces también siento que la solución está en mis manos. Si tan sólo pudiese hacerlo… algo tan sencillo. Es joven, más joven de lo que esperaba; incluso podría decir que no sólo es joven, sino bello y fuerte también. Pero cuando duerme, como ahora… sólo bastaría tomarle del cuello y apretarlo, con la misma fuerza con la que aplastaría a un insecto.

No sé cómo, pero he terminado aquí, sentado en la cama. Le observo y veo que mis manos están deslizándose por el pálido cuello. Me pregunto si sería tan fácil como lo supongo, ¿podría resistirse a mí? Inclino mi rostro, y es entonces que me percato de que él ya no duerme. Me mira, con su oscura mirada azul, complementada con una sonrisa impregnada de sorna sobre sus labios. Pareciera esperar, entretenido, hasta que una de sus cejas se arquea.

-¿Por qué no lo haces Milo? Sería muy sencillo ¿por qué no tratas de estrangularme?-

Su voz es grave, ronca y profunda, casi tanto como su mirada, que no deja de pasearse descaradamente por mi cuerpo.

-Sería la solución a todos tus problemas Milo… ¿no es así?-

Su voz sonríe casi del mismo modo que sus labios, como buscando que yo mismo acepte mi derrota y su supremacía.

-¿O será que no puedes hacerlo? Quizás sin darte cuenta has terminado volviéndote adicto a mí…-

Se aproxima, puedo sentir el calor de su aliento sobre mi cuello, al mismo tiempo que su cuello se hunde en mis manos. Pero no lo dejo hacer, al menos no como el tanto quisiera. Mis manos se escurren por su cuello hasta su nuca, enredándose mis dedos en su largo cabello. Trato de sonreír, en un esfuerzo consciente de parecer sensual, tan frío y seguro como se supone que debería de serlo.

-¿Te dejarías morir en mis manos?-

Susurro casi acariciando su oreja, besando su lóbulo antes de juguetear con mi lengua. Le empujo de nuevo sobre la cama, colocando mi cuerpo sobre el suyo. Mis manos acarician su cuello, rodeándole antes de bajar por su espalda tan amplia y bien trabajada. Él sonríe, mirándome con cierta suspicacia, antes de rendirse a su propio deseo. Al menos eso creo, antes de sentir como me jala, colocándose encima de mí sin dificultad alguna. Coloca sus manos alrededor de mi cuello, como emulando lo que yo hacía hace unos instantes, pero sus manos se cierran alrededor de mi garganta; primero con debilidad, para luego aumentar la fuerza empleada.

Se me va el aire, y por más que entreabro mis labios, no llega oxígeno a mis pulmones, mientras tanto él sonríe de ese modo tan oscuro que hace que un escalofrío recorra mi espalda. Cierro mis ojos, sin deseo o intención alguna de pelear por mi vida. Estoy cansado, y si quiere acabar con este teatro, por mí no hay problema alguno. No hay nada que haga que todo esto valga la pena ¿o sí? Entonces, como para recordarme que sí lo hay, se acerca hasta mi oído, susurrando con su voz enronquecida.

-¿Te dejarías matar? Claro, si termino contigo ahora, podría ir tras él, ¿no es así, Milo? Pero entonces… todo tu sacrificio habría sido en vano… No creas que me engañas, sé lo que piensas, que aún lo amas. Cada vez que lo hacemos, tratas de imaginar que es él… ¿no es así? -

Le miro molesto y trato de zafarme, y para mi sorpresa me deja ir sin oponer mucha resistencia. Sonríe triunfante, y no puedo entender la razón. Toso debido a la falta de aire, mientras éste comienza a circular de nuevo por mi cuerpo. Le miro, decidido a quitar esa sonrisa de sus labios al mismo tiempo que yo mismo curveo mis labios.

-¿No será  más bien que eres tú el que no deja de pensar en él? Es muy cruel, mi señor… ¿compartiendo la cama con alguien mientras piensa en otra persona?-

Trato de rodear su cuello nuevamente, abrazándole para eliminar la distancia entre su cuerpo y el mío. Inclino mi rostro sobre el suyo, murmurando por encima de sus labios, casi acariciándolos:

-Supongo que debo hacer algo para que le olvides por completo…-

Sonríe, y detesto su sonrisa, pero eso no importa en absoluto. Siento sus cálidos labios contra los míos en un beso demandante, su lengua haciéndose paso dentro de mi boca para acariciar su interior a placer. No puedo evitarlo, un gemido escapa de mi garganta mientras sus manos acarician mi cuerpo con ese conocimiento que noche a noche ha ido adquiriendo. Sus besos se tornan, de ser posible, más hambrientos; mientras su cuerpo se presiona con fuerza contra el mío.

Recordando que se supone que yo soy el seductor, busco deslizar mis manos a su pecho, acariciando su torso en el proceso. Bajo hasta su abdomen, disfrutando las sinuosas curvas de su cuerpo en el camino; mi cuerpo se acalora ante su cercanía, mientras siento como la cama recibe el peso de mi persona. Siempre es lo mismo, sin importar cuántas veces le seduzca, termino siendo el sometido. Mas decido intentarlo de nueva cuenta, rodando sobre de él, me dirijo a besar su cuello, succionando lentamente su blanca piel. Cerrando mis ojos mientras trato e desenterrar de mi mente el hecho de que no es él a quien quiero conmigo, de que es otro cuerpo el que deseo tener debajo de mí.



Sonrío al escuchar su respiración entrecortada al sentir mis labios sobre su pecho, besando y descendiendo a  la par. Mi lengua acaricia sus pezones disfrutando el verles erectos ante mis caricias. Mi mano desciende aún más, acariciando la cara interna de sus muslos con lentitud. Le siento brincar ligeramente y no puedo evitar sonreír ampliamente. “Es todo tuyo” Las palabras resuenan en mi mente  mientras mis manos se escurren hasta su entrepierna. Le tomo entre mis manos, antes de acariciar la punta con mi lengua, su voz me distrae un momento, por lo que abro mis ojos, y le veo, postrado en la cama, tan frágil entre mis manos. A veces no sé si le odio, o si le deseo más.

Lo envuelvo en mis labios le acaricio y le presiono con suavidad mientras le siento removerse. Mis manos acarician el cuerpo, permitiéndose de tanto en tanto acariciar su escroto y sus testículos. Presionando suavemente. Su cuerpo comienza a moverse en un errático vaivén, para después tomarme del cabello y comenzar a embestir en un perezoso ritmo. Y justo antes de que vaya a terminar, se aparta de mí, jalándome con fuerza hasta hacer que mi espalda choque con la cama.

Cierro mis ojos, decidido a disfrutar de aquellas sensaciones mientras trato de olvidar la situación en la que estoy. No importa si no es él, no importa si es simple sexo sin amor; sólo sé que lo necesito ahora. Es por eso que no huy de su tacto, de sus manos acariciando mis costados con descaro, o de sus labios besando, succionando y su lengua lamiendo mi cuerpo. Mordisquea mis pezones y puedo sentir un sonido gutural y casi animal abandonando mi garganta.

Sé que lo disfruta, y ello sólo me hace sonreír satisfecho, porque es en estos momentos que se olvida de él, o al menos eso quiero creer; y si no lo hace, al menos tengo la certeza de que no irá a buscarlo mientras estemos aquí, en esta cama, teniendo sexo. ¿Qué importa si este hombre me enseñó lo que era un verdadero orgasmo? ¿Qué importa si fue el primero? Nada.

Las caricias en mis piernas me hacen volver al momento, sintiendo sus labios plasmarse en mi piel a fuego lento, mientras su lengua le sigue de cerca, hasta llegar el momento cúspide en que me introduce en su boca. Dejo escapar un gemido satisfecho, sintiendo como entra y sale lentamente, para después ir incrementado su ritmo. Mis manos se aferran a las sábanas, buscando un alivio a ese calor casi agobiante que nace en mi vientre y que se irradia a todo mi cuerpo. Finalmente un gruñido acompaña la explosión de mi orgasmo en su interior. Le bebe toda, para después aproximarse y besarme; mi esencia y su aliento mezclados en mi boca.

Me remuevo ligeramente al sentir sus manos bajando por mi espalda, acariciando con insistencia mi piel, rozando por mi cadera. Deposita un cálido beso en mi cadera, antes insertar un dedo en mí. Dejo escapar un gemido de dolor, esa incómoda intrusión instándome a alejarme, mas no me muevo; por el contrario, bajo mis caderas para encontrarme con su índice. Comienzo a moverme y él por su parte introduce un dedo más, y luego otro.

Finalmente toma con sus manos mis piernas, colocando mis muslos sobre sus hombros. Abro mis ojos, sin saber cuando fue que los cerré de nuevo. Su mirada es oscura y profunda, casi ardiente. Me mira con un sentimiento que no sé descifrar en sus orbes, antes de empujar, entrando con un sólo movimiento. Me siento a punto d partirme en dos, mi cuerpo tratando de relajarse, mientras tanto él sonríe, ignorando todo lo demás, comienza a salir. Pero mi alivio dura poco, porque antes de salir por completo vuelve a entrar, esta vez a mayor velocidad y con más fuerza.

Antes de que me de cuenta, mi cuerpo ya está reaccionando al suyo, mi interior contrayéndose a su alrededor, mientras mis manos se aferran a su espalda. Mis caderas se mueven, buscando encontrarme con él y sus embestidas. Detesto cada fibra de mi ser, que aparentemente ya le reconoce, aceptándole en su interior y dándole la bienvenida. Sin embargo, lo peor viene cuando me toma entre sus manos, acariciando con poca delicadeza mi miembro al mismo ritmo que sus embestidas.

Nuestros gruñidos y gemidos llenan la habitación, hasta que, en medio de las sábanas de seda, llegamos al orgasmo. Yo en medio de los dos, y él, en mi interior. Busco separarme de él, empujándole con delicadeza, mas él lo nota y me toma en sus brazos, forzándome a ahogarme en el calor de su cuerpo. El cansancio me vence, mientras mis ojos se cierran.

Al día siguiente, estoy solo de nuevo, en esa enorme habitación dentro de los recintos patriarcales. No tardo en percatarme de que en realidad no se ha ido aún cuando sale de los baños, su cuerpo desnudo se viste en esas finas ropas, y finalmente, el atractivo rostro ocultándose tras aquella fría máscara. No se despide, y yo lo prefiero así, como durante el sexo. Porque si dijese algo, no estoy seguro de que pudiese seguir con esta farsa. Mi frente descansa en la almohada, mientras su nombre se escapa de entre mis labios.

-¿Qué haces ahora, Camus? ¿Dónde estás?-.

*~ *~ *~ *~ *~ *~ *~ *~ *~ FIN CAPÍTULO 1 ~ *~ *~ *~ *~ *~ *~ *~ *~

Inicio
Capítulo 2


Report Content · · Web Hosting · Blog · Guestbooks · Message Forums · Mailing Lists
Easiest Website Builder ever! · Build your own toolbar · Free Talking Character · Email Marketing
powered by a free webtools company bravenet.com